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Entre humoristas *
Alfonso Reyes

 

Sobre la poesía como estado juvenil de la mente se ha dicho todo. Pero el humorismo ¿es también una juventud, una transición? Me resisto a creerlo. La juventud es seria, como la pureza de su ideal, y el humorismo tiene de malicia madura lo que le falta de entusiasmo heroico. Odiseo –cuadragenario– es sufrido y sutil, tiene famosas humoradas. El joven Telémaco es tan sólo recto y valiente. El humorismo participa de la cachaza y del gusto por la comodidad, propios de los años obesos. El humorismo es sanguíneo, duerme la siesta, anda todo el día en pijama y pantuflas y, a veces, se muere de congestión (Fatty, Chesterton).

¿Concebís al humorista joven? A menos que sea de edad indefinible, superior al tiempo y su contemporáneo y, aunque siempre grato y simpático, muy lejano del perfil amplio y gravemente juvenil de un Apolo. ¿Un humorista joven? Si, cuando tiene, como el personaje de Queiroz que gusto de evocar, veinte siglos de orgía literaria en el alma, o cuando tiene una carita de ratón (¡ya sé por quién lo dices!) que lo mismo puede convenir al joven y al viejo. No, si se conviene en que el humorismo es una plenitud burguesa de los cuarenta años, como casi define alguno. “Desafío a ese joven –decía Flaubert, refiriéndose a Leconte de Lisle– desafío a ese joven a que me haga reír.”

Pero es que hay otro humorismo heroico, metafísico, romántico, trágico: el de Heine, que es perenne juventud, pálida esbeltez, pobreza sin hecho. Al contrario del humorismo del Arcipreste de Hita, que recuerda la situación –casi oficial y administrativa– del clérigo barrigudo que se arregla con el ama. (Aquí prescindo del enamorado de doña Endrina, y supongo que el Arcipreste es "el otro".) Hay un humorismo que come y duerme, y ése sazona con los años. Hay un humorismo que reza y canta, y ése no sazona, sino que galvaniza la vida en un frío de acero, de espada.



 * Alfonso Reyes, “Entre humoristas”, en Obras completas, v. II, México, Fondo de Cultura Económica,1955, pp. 342. Publicado originalmente en Calendario, Madrid, Cuadernos literarios, 1924.

 

Guillermo Espinosa Estrada, 2012