The best web hosting reviews updated with new hosting providers. HostGator Reviews ratings and coupon codes.

 

Humoradas *

Ramón de Campoamor

 

¿Y qué es humorismo?

Una crítica inconsiderada que cruza a campo traviesa los dominios de la literatura, sin el freno de la correspondiente instrucción, a fuerza de oírlo repetir ha adquirido la costumbre de llamarme escéptico, sin tener en cuenta que el escéptico, ya subjetivo, ya objetivo, ya absoluto, es el que tiene la duda por sistema, y que yo, bien avenido con la vida real, creo en lo único en que se debe creer, que es en las ideas. ¿Qué noción tendrán estos clasificadores de lo que es escepticismo? ¿Me llaman escéptico porque yo me suelo reír de cosas que ellos creen que son de llorar? Esto de reírse del dolor propio y del ajeno, más bien se podría llamar estoicismo. Pero como no quiero enfadarme mucho con estos clasificadores, que cogen la ciencia al oído, porque sé que es muy común confundir el escepticismo con el humorismo, y el humorismo con la excentricidad, les diré que es el colmo de la injusticia llamar escéptico a un espiritualista tan exagerado como yo, que cree que lo que hay más natural en el mundo es lo sobrenatural.

Si el escepticismo no cree en lo que dice, el humorismo hasta se ríe de lo que cree, no dejando de creer nada de lo que dice.

¿Qué es humorismo? La contraposición de situaciones, de ideas, actos o pasiones encontradas. La posición de las cosas en situación antitética suele hacer reír con tristeza.

César, tapando con sus cenizas el hueco de una pared, y Don Quijote volviendo a su casa molido a palos por defender sus ideales, mientras su ama y su sobrina, representantes del sentido común, le reciben cómodamente comiendo pan candeal y haciendo calceta, son dos rasgos de humorismo que, además de hacer reír, llenan los ojos de lágrimas.

La frase buen humor, genuinamente española, ha creado un género literario, que es solo peculiar de los ingleses y de los españoles, y en el que, mezclando lo alegre con lo trágico, se forma un tejido de luz y sombra, a través del cual se ven en perspectiva flageladas las grandezas, y santificadas las miserias, produciendo esta mezcla de llanto y de la risa una sobreexcitación nerviosa de un encanto indefinible.

El humorismo francés es satírico; el italiano, burlesco, y el alemán, elegíaco. Solo Cervantes y Shakespeare son los dos tipos del verdadero humorismo, serio, ingenuo y candoroso.

Se ha dicho que la burla es la retórica del diablo.

Y, efectivamente, debe de haber en este género literario algo de intelectual y encantadoramente diabólico, porque los escritores humoristas tienen sobre los exclusivamente serios, y los totalmente alegres, una superioridad de miras incontestable, pues cuando un escritor solo se propone hacer reír mucho, suele acabar por hacerse risible, así como cuando un hombre por demasiado serio es tonto, es tonto de veras. No hay duda de que el humorismo, que es un Carnaval reentrante en la Cuaresma, parece que domina los asuntos desde más altura, y que se hace superior a nuestras ambiciones y a nuestras finalidades, pintando a la Locura con toga de magistrado, y a la Muerte con gorra de cascabeles.

El talento que, alegre y tristemente, ve en lo pequeño la imagen de lo grande, y en lo grande el trasunto de lo pequeño, es el titiritero que al son de su tamboril hace bailar grotescamente a todas las pequeñas y grandes figuras humanas, como si fuesen muñecos de resorte; es el tipo que, según una frase vulgar, es capaz “de hacer burla de un entierro”; el inventor, en fin, de la filosófica danza macabra, ese baile de candil dado en los infiernos, y al cual asisten, presididos por la muerte, reyes con gregüescos de payasos, bufones con tiaras, y papas con miriñaques.

Si, como dice Cervantes, el hacer reír es de grandes genios, el hacer reír y llorar al mismo tiempo es un don excepcional que solo ha concedido Dios a él y a Shakespeare, los dos grandes pensadores más humorísticos del mundo.

Y dejo este asunto, solo indicado por mí, para que el señor Menéndez Pelayo acabe de decirnos con su profundo saber lo que es humorismo, esa alegría unas veces enternecedora y otras siniestra; esa espada de dos filos que lo mismo mata a los hombres que a las instituciones; ese gran ridículo que convierte en polichinelas a los héroes mirándolos desde la altura del supremo desprecio de las cosas.

 


 * Ramón de Campoamor, “Dedicatoria”, en Humoradas. Obras poéticas completas, Madrid, Aguilar, 1972, pp. 305-313. Fragmento.

Guillermo Espinosa Estrada, 2012