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Un atisbo al ingenio y el humor en James Joyce *
Bárbara Jacobs

 

De todas las definiciones de lo cómico que he leído, entresaco una de Joyce para que a su vez defina y marque las científicas y filosóficas. Lo llama "el arma esencial de la rebelión (de Irlanda)". Tras hacer un crudo retrato histórico de su país, "tierra de duelo y de hambre, de desesperación y de violencia, tierra heroica", da a la risa un sitio de honor, pues le atribuye el poder de "reducir el dolor a la escala de la existencia". Cita a Beaumarchais; "¿Quién te ha dado una filosofía tan alegre? El hábito de la desgracia". Sólo un pueblo tan desgarrado como el suyo, opina Joyce, "podía unir a tanta lucidez tanta insolencia", como la de un puñado de los mejores escritores satíricos, entre los que nombra a Swift, Sterne, Wilde, Shaw, que llegan al fondo del infortunio y recobran "la salud del sarcasmo". En contraste con países que gimen, Joyce contrapone a Irlanda, que ríe; "es tierra irónica", "por encima de su desgracia, ríe, triunfa".

Autor irónico, ingenioso, cómico y aun burlesco, Thorton Wilder comenta que la inclinación hacia lo cómico nos fue dada para "analizar, pesar y aclarar lo que nos irrita, o lo que estamos en vías de superar o de reconstruir" de nosotros mismos. En este sentido, para Tolstói la risa también es "un gran procedimiento pedagógico", y estas opiniones son sanas. Hay otras. A medida que lo cómico se vulgariza, apunta Antonio Machado, la risa que resulta parece cada vez más un rebuzno, un rebuzno embrutecedor. Y "no hay nada más triste y hasta cierto punto más apocalíptico que el rebuzno".

No digo que la expresión de Joyce, que no por irónica es menos realista, no se dé la mano con lo que opina Freud, quien dice que lo cómico es "aquello que no resulta propio del adulto", pues los irlandeses que ríen pensarán que su desgracia, por más ancestral que sea, persiste porque no ha madurado. Bergson diría que la situación de Irlanda por su persistencia se ha rigidizado, y para que esto no aísle a los irlandeses, hay que corregirlo, ¿cómo? Mediante la risa, que flexibiliza.

Puede ser que al pueblo de Irlanda le baste lo que le sucede para reír, por algo inventó, digamos inventó, el humor negro, de lo que los ingleses asimismo tratarán de despojarlos para apropiárselo. Pero los demás pueblos, que no sufren nada en comparación, deben construir artificialmente los motivos que los hagan reír. Para hacer resultar cómica una situación, o a una persona, o incluso a nosotros mismos, existe, entre otras, la técnica de la imitación.

Freud empieza directamente con los animales. Piensa que los encontramos cómicos porque vemos en ellos movimientos que no podemos imitar. ¿Por qué insistimos, entonces, en que los loros nos imiten y hablen? ¿No será para evitar que se rían de nosotros si no aprendieran a imitarnos? Cuando Freud pasa sus reflexiones hacia la gente, advierte que la imitación produce en el que observa un placer extraordinario y hace resultar cómico al que es objeto de ella. No descarta que imitar constituya una degradación; pero, la hilaridad que despierta cuando es acertada, es más fuerte que la crítica que debería pasarse contra el imitador. Bergson formula la ley: "Toda deformidad susceptible de imitación por parte de una persona bien conformada puede llegar a ser cómica". Pero a uno y otro se les olvida detenerse en qué sentiría la víctima si se viera imitada; si oyera la risa o el rebuzno del espectador que experimenta el "placer extraordinario" que le produce la imitación de otro.

Parece que lo cómico no es lo vivo, sino lo que se rigidiza en lo vivo. Es decir, "el automatismo instalado en la vida y probando imitarla". El hombre mecánico y uniforme, explica Bergson; el hombre que deja de ser tal y se convierte en extraño a su personalidad viviente. Si se imita a un héroe de tragedia, se pasa de lo trágico a lo cómico.

Entiendo un poco mejor las observaciones de Aldus Huxley. Explica que por alguna "obscura ley psicológica, las acciones serias en sí mismas se vuelven ridículas al ser imitadas", y que, a más exacta la imitación, más ridícula será. "La mala imitación no hace reír sino cuando es una muestra de adulación sincera y seria pero que no acaba de embonar". Huxley cree, además, que las imitaciones más risibles son las hechas con mayor seriedad y de modo más inesperado.

Para que un pueblo ría, entonces, no tiene más que imitar, seria e inesperadamente, a Irlanda, rigidizar el hambre, la desesperación y la violencia, hasta reducir el dolor a escala.

 


 Bárbara Jacobs, "Un atisbo al ingenio y el humor en James Joyce", en Nin reír, México, Auieo, 2009, pp. 50-53.

Guillermo Espinosa Estrada, 2012